domingo, 25 de septiembre de 2011

Intento no olvidarme de la última noche que pasamos juntos.
Aquella en la que te llamé muy tarde y simplemente tú me dejaste un hueco en tu almohada.
Me quedé placidamente dormida y luego por la mañana, si habernos casi ni tocado, sabía que ese era el adios que nos merecíamos. Compartir lo que más nos ha unido, las noches, las madrugadas y las tardes en esa cama que olía a nosotros, a tí, a mí, a lo nuestro.

Aquella mañana supe que era el final porque no olía a nada de eso, olía a nuevo, a empezar de nuevo.
Recuerdo que me fuí sin mirar a trás, obligándome a olvidar el camino, la puerta, el buzón y al portero que me saludaba amigablemente.

Mientras andaba, leí tu carta, tus hojas, tus pensamientos, que ya nunca más estarían conectados con los míos. Entonces pensé, que si me creía que nunca habíamos estado conectados, haría que el olvidarte fuera más fácil y tu me odiases por eso. Porque odiar es la facilidad de olvidar, de dejar de amar.


sábado, 24 de septiembre de 2011

Desnudos era como mejor nos entendíamos.
Palpando, lamiendo y sudando.
Ahora me miro en el espejo y me sobra piel.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Hubo una vez en que lo nuestro tuvo sentido.
Otra vez nunca lo tuvo.
Y por un momento el sentido de mi vida fuiste tú.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Cuando salí del portal con una caja llena de palabras y montón de folios quise volver a tí, pero el daño ya estaba hecho.


sábado, 3 de septiembre de 2011

Las cajas de recuerdo sólo sirven para que el pasado no te haga daño.
De vez en cuando me gusta quitarles el polvo, abrirlas y descubrir que poco a poco el dolor es menos intenso.

Lo que más duele es ver como cuatro folios resumen una relación.